Testimonio de Daniel Jepter Elias, Nyangatom. Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía.

El día 17 de junio fue, el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía.

 

Según las Naciones Unidas, “más de la mitad del PIB mundial depende de la naturaleza, por lo que una tierra sana está en la base de economías prósperas”.

 

El lema de 2025, “Restaurar la tierra. Liberar las oportunidades“, arroja luz sobre cómo la restauración de la base de la naturaleza – la tierra – puede crear empleos en África.

 

 

 

Este objetivo es parte de nuestro trabajo, en algunos lugares de África donde estamos; territorios como Turkana, Kenia, una zona semidesértica, donde las sucesivas épocas de sequía, cada vez más largas, han ido reduciendo los rebaños, siendo éstos muchas veces insuficientes para procurar el sustento de la familia. Lo mismo ocurre en Nyangatom, Etiopía, donde trabajamos cada año para impulsar la seguridad hídrica y alimentaria y crear resilencia económica.

 

 

 

Testimonio del Daniel Jepter Elias, aprendiz de la Comunidad misionera de San Pablo apóstol, MCSPA en Nyangatom, Etiopía.

 

En África, los conflictos suelen originarse por dos condiciones opuestas: la abundancia de recursos naturales o su extrema escasez. La región de Nyangatom, ubicada al sur de Etiopía en el valle del Omo, ejemplifica esta última situación. Esta zona fronteriza colinda con la región de Turkana, en Kenia, y el estado de Equatoria Oriental, en Sudán del Sur. Durante décadas, ha sido escenario de conflictos interétnicos, especialmente entre los Nyangatom de Etiopía y los Turkana de Kenia. Aunque ambas comunidades comparten una ascendencia y lengua comunes, han sido divididas por fronteras internacionales, lo que ha alimentado tensiones y marginación geopolítica.

 

El principal motor de conflicto en esta región de Etiopía, es la escasez de recursos. Los Nyangatom han sido excluidos del acceso a servicios sociales esenciales, lo que ha generado una carencia crónica de alimentos, agua potable, atención médica y otras necesidades básicas. Esta situación ha propiciado enfrentamientos con tribus vecinas como los Turkana, en la lucha por los recursos disponibles. Esta competición por la escasez de recursos se ve exacerbada por el cambio climático y el avance de la desertificación en zonas ASAL (Arid and semi-arid lands) de África, tales como Turkana y Nyangatom.

 

 

 

 

Como agricultores/ganaderos, los Nyangatom, dependen de la ganadería, su principal fuente de alimentos ha sido tradicionalmente la agricultura en las orillas del río Omo. Necesitan mantener grandes rebaños para subsistir, lo que ha derivado en sobrepastoreo y la consiguiente degradación de una vegetación ya de por sí limitada.

 

Los recientes proyectos de agricultura industrial promovidos por el gobierno han alterado el frágil ecosistema local. Estos han requerido la retención y el desvío de agua del río Omo, y la construcción de carreteras, aunque necesaria, implicó el uso de tierra traída de otras regiones, lo que introdujo semillas de Prosopis juliflora, una especie invasora que se propaga rápidamente y desplaza a la vegetación nativa. Más preocupante ha sido la construcción de fábricas de azúcar, que requirió el desvío de agua del río Omo, una fuente vital para la agricultura. Esta alteración ha reducido significativamente la disponibilidad de agua para el cultivo de alimentos básicos como el sorgo y el maíz, esenciales para la subsistencia de los Nyangatom y otras comunidades cercanas, que hace tambalear el frágil ecosistema originario del valle del bajo Omo.

 

Ante estos desafíos, la Comunidad Misionera de San Pablo Apóstol, estableció una misión en Nyangatom en 2014. Desde entonces, ha jugado un papel fundamental en la atención a las necesidades humanitarias y de desarrollo de la región. Entre sus principales iniciativas, destacan la perforación de pozos, la instalación de bombas manuales y la construcción de presas de tierra para mejorar el acceso al agua potable, pasos clave para mitigar los conflictos relacionados con los recursos hídricos y el avance de la desertificación.

 

 

La misión ha impulsado diversos proyectos de desarrollo sostenible orientados a mejorar los medios de vida locales. Estas acciones incluyen la plantación de árboles para combatir la deforestación y restaurar el entorno natural, la promoción de la horticultura para diversificar la dieta y mejorar la nutrición, el fortalecimiento de la ganadería mediante prácticas más eficientes, y la introducción de la apicultura. Estas iniciativas no solo promueven la seguridad alimentaria, sino que también fortalecen la resiliencia de la comunidad. Reflejan, además, un profundo respeto por el medio ambiente, con la convicción de que, al cuidar la Tierra, ésta, también cuida de nosotros”.

 

Daniel Jepter Elias, aprendiz de la MCSPA en Nyangatom

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