Tiyamike significa «estar agradecido» en chichewa.
Y esa palabra resume perfectamente por qué, hace cuatro años, un grupo de sevillanas decidimos viajar a Malawi sin imaginar que ese verano acabaría cambiando nuestras vidas.
Crecimos en familias que nos enseñaron desde pequeñas que la suerte de haber nacido en un lugar lleno de oportunidades solo tiene sentido si alguna vez eres capaz de compartirla. Ese viaje nació de la curiosidad por conocer otra realidad, pero también de la necesidad de entender cómo podíamos aportar algo que realmente tuviera sentido.
Lo que encontramos allí fue imposible de olvidar.
Conocimos a niños que pasaban el día en la calle, adolescentes que habían abandonado la escuela porque no podían permitirse seguir estudiando y familias que, a pesar de vivir con muy poco, nos enseñaron una fortaleza y una generosidad difíciles de explicar.
Y entendimos algo que sigue guiando cada decisión que tomamos.
No queríamos llegar con soluciones. Ni convertirnos en las protagonistas de una historia que no nos pertenece.
Queríamos escuchar.
Aprender.
Y acompañar.
Porque el cambio solo es real cuando nace desde la propia comunidad.
Así nació Tiyamike. No como un viaje, ni como una acción puntual, sino como un compromiso a largo plazo con la infancia y la educación.
Hoy Tiyamike es mucho más que un campamento de verano.
Es un espacio donde, durante unas semanas, cientos de niños vuelven a hacer algo tan sencillo e importante como ser niños. Juegan, crean, hacen deporte, trabajan en equipo, descubren talentos y construyen amistades. Ríen, se equivocan, se reconcilian, imaginan. En definitiva, viven una infancia que muchas veces les ha sido arrebatada demasiado pronto.
Pero cuando el verano termina, el proyecto continúa.
Durante todo el año impulsamos actividades extraescolares para que niños y adolescentes sigan encontrando un lugar seguro donde desarrollar su autoestima, sus capacidades y sus talentos.
También apoyamos con becas escolares a quienes, de otra forma, tendrían que abandonar sus estudios, porque creemos que la educación sigue siendo la herramienta más poderosa para romper el ciclo de la pobreza.
Y, junto a la Fundación Emalaikat y la comunidad local, hemos tenido la enorme suerte de colaborar en un proyecto aún más ambicioso: la construcción de una escuela de secundaria que permitirá que cientos de jóvenes puedan seguir estudiando sin que su futuro termine al acabar la primaria.
Todo esto solo ha sido posible gracias al equipo local que trabaja cada día sobre el terreno y a todas las personas, empresas y marcas que han decidido confiar en este proyecto.
Porque Tiyamike nunca ha sido nuestro.
Siempre ha sido de todas las personas que han decidido creer que un futuro diferente también puede construirse desde muy lejos.
Y este año queremos seguir haciéndolo posible.
Por eso hemos organizado un sorteo solidario junto a marcas que han querido sumarse a esta historia. Todo lo recaudado irá destinado a financiar la próxima edición de Tiyamike Camp, para que cientos de niños y adolescentes vuelvan a tener un lugar donde jugar, aprender, crear, sentirse seguros y, simplemente, ser niños.
Porque hay personas que nacen rodeadas de oportunidades. Y otras que necesitan que alguien les acerque una.
Y tú… ¿qué haces con tu suerte?
Equipo Tiyamike:
Marta Ochoa, Paz Gallego, Carla Sundheim, Isa Alvear, Alejandra Alvear, María Ferrer, Ángela Delgado y Maca Ochoa.


